Palabras del Rector en el Acto del Día de la Independencia

Institucional, Nivel Secundario

Queridos chicos, directivos, docentes:

¿Cómo están? Les agradezco a quienes han preparado este acto por su dedicación y esfuerzo. ¡Nos hace bien!

Quiero compartir con uds. que ayer tuve la oportunidad de ir a San Javier. Una localidad a unas 2 horas al norte donde se desarrolló una misión con los mocovíes que comenzaron, con mucha valentía, mis hermanos jesuitas hace 279 años atrás por pedido de las autoridades civiles santafesinas para lograr, con los principales caciques mocovíes y abipones, una línea de frontera que protegiera la ciudad de Santa Fe. Nos recibieron con mucha alegría y respeto. Éramos, para los pobladores actuales, jesuitas como Pauke. Florián Pauke, SJ. Uno de los misioneros que llegó a estas tierras con un sueño en el corazón: que los pueblos originarios conocieran a Jesús para vivir aquí en el mundo de tal manera que el amor por la vida y la fraternidad social fueran posibles.

En el acto de ayer donde se encontraban todas las fuerzas vivas del pueblo, se leyeron fragmentos de los relatos de Pauke sobre la misión mocoví y se descubrió una gigantografía urbana con una de sus acuarelas donde cuenta algo de cómo era la vida en aquellos tiempos. Realmente, quedé sorprendido de la veneración con que se hablaba de la misión jesuítica en San Javier hoy.

Y mientras volvía pensando en lo que había vivido, me venía a la mente y al corazón este momento en que pudiera hablarles en el marco del acto de la independencia de España que conmemoramos hoy. ¿Qué hace que el recuerdo de Pauke y los primeros misioneros jesuitas venidos de Europa a evangelizar no sea recordado del todo como un evento colonizador, creador de dependencias, subyugador de las libertades? ¿Qué hay ahí que resulta compatible con muchos de los ideales de la independencia de 1816? ¿Por qué los aborígenes y los criollos contemporáneos recordamos con cariño esa fundación? ¿Por qué buscamos sentirnos herederos de aquél “sueño jesuítico”?

Me animo a decir no sin cierta osadía histórica que en el ensayo de respuesta a estas preguntas está el anhelo de ver cumplidos nuestros sueños de una vida digna. Lo que quisieron aquellos misioneros como Pauke fue que los aborígenes, al reconocer su inmenso potencial y sabiduría ancestrales, no fueran esclavos de sus violencias, de sus pobrezas, de sus ignorancias y que pudieran organizarse de tal manera que la armonía, el respeto del otro, la vida en común, fueran posible.

Hoy en el Colegio de la Inmaculada creo que podemos soñar lo mismo que soñaron nuestros antepasados, los de la misión de San Javier y los del Congreso de Tucumán: una vida digna, más libre y autónoma.

Una vida que no se deje manejar por intereses de otros que te chupan la sangre para su beneficio.

Una vida que deja atrás la violencia, el bullying y la burla para asumir el compromiso de ser buena gente. No, mala gente.

Una vida que encuentre en su interior los parámetros para crecer sanos sin necesitar de recetas mágicas para tener el cuerpo perfecto, ser aceptados por todos y cancherear lo que no somos.

Chicos, docentes, llegamos a esta primera mitad del año habiendo asumido el desafío de reencontrarnos con lo que la pandemia nos dejó. Quiero felicitarlos y agradecerles todos los esfuerzos que supuso este tiempo. Y también quiero animarlos a que sigamos siendo parte de la historia, pero no sólo estudiándola, sino haciéndola con gestos concretos de valentía y coraje como nos enseñaron nuestros antepasados.

Lo que hemos recibido es muy grande y debemos honrarlo, no podemos distraernos con videítos Tik Tok por divertidos que sean, tampoco podemos dejar que el tiempo se nos escurra entre las historias de Instagram dejando que otros nos cuenten su vida sin poder vivir la propia.

Si queremos ser independientes, libres y autónomos como soñaron nuestros antepasados cuidemos nuestras clases, chicos y adultos, asumamos con compromiso cada uno de los momentos destinados a aprender algo para la vida, luchemos contra la tentación de la chatura y la mediocridad, seamos conscientes de que tanto bien recibido es para construir una Argentina como la que deseamos y eso se hace haciéndonos cargo. Cuidemos el tiempo que estamos juntos, cuidemos a quien tenemos al lado. La pandemia ya nos enseñó lo difícil que es estar aislados y ahora que estamos juntos no debemos ceder a la seducción de criticar, hablar mal o no ser capaces de comunicarnos de verdad con el otro. Cuidemos nuestras relaciones interpersonales en cada encuentro que se nos da aquí en esta misión de la Inmaculada. Cuidemos nuestro espacio común, el comedor, la luz, el agua, los recursos que tenemos, el baño, las salas en las que habitamos cada vez que estamos aquí con el cariño de sentir este lugar nuestra casa por gran parte del día.

Sólo el saber que somos destinatarios del enorme privilegio que significa compartir este lugar, esta historia, esto que cada quien es en la comunidad nos hará verdaderamente felices liberándonos de la mentalidad mezquina de sentir que los privilegios se convierten en derechos adquiridos.

Por nuestra patria, por quienes más lo necesitan, por nuestros antepasados y en especial por todo lo que vendrá si damos nuestro magis ignaciano en cada momento, feliz día de la independencia y buen receso escolar.

Dios los bendiga a todos.

P. Emmanuel Sicre, SJ

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