A las familias del Nivel Secundario:
El día 5/03 comienzan las clases en el Nivel.
Los invitamos a participar del Acto de Inicio del Ciclo Lectivo en la Sala Garay a las 7,40 hs.
Luego del Acto los alumnos tendrán clases normalmente por lo que deben concurrir con el uniforme completo y los útiles necesarios.
Los Horarios se pueden consultar en los transparentes del Patio de Los Naranjos.
Los alumnos que ingresan a Primer año serán notificados el mismo día 5/03 luego del Acto Académico de la conformación de los grupos.
Les solicitamos sean respetuosos del horario de ingreso. Las puertas se cerraran a las 7,40 hs para dar inicio al Acto.
Los alumnos deben presentarse sin excepción con el Uniforme completo, zapatos, jeans en buen estado, sin adornos de pulseras, collares, aros u otros. El cabello corto y prolijo como consta en el reglamento vigente. Los alumnos que así no lo hicieren recibirán un llamado de atención notificando a las familias del incumplimiento que deberán solucionar para poder ingresar al día siguiente a clases.
La mañana del lunes amanecimos con el deseo de realizar las actividades que nos tocaban ese día. Temprano ya teníamos los trajes para nieve puestos para emprender al mediodía el camino hacia el Cerro Catedral. En el trayecto pudimos apreciar el hermoso relieve de la zona. Luego de un rato de viaje empezamos a ver a lo lejos la montaña que nos esperaba esa misma tarde.
Una vez allí subimos en la aerosilla, en ese momento y a medida que ganábamos altura, pudimos darnos cuenta de nuestra pequeñez ante la inmensidad de las montañas que nos rodeaban.
Al llegar a destino se nos asignó nuestro sector de "batalla", escenario de una inolvidable guerra de todos contra todos, que era la continuación de la que se había dado días antes en el Cerro tronador, donde nadie había quedado exento de la nieve. Después de un tiempo las energías no eran suficientes para seguir la pelea, por lo que conjuntamente decidimos agruparnos para deslizarnos lo más rápido posible por la empinada montaña.
Horas después, lamentablemente nuestro tiempo se había terminado, teníamos que volver y abandonar ese paraíso blanquecino; con la ayuda y acompañamiento de Dios pudimos pasar un excelente momento entre compañeros y vivir una experiencia que nunca olvidaremos.
Ya de vuelta en la base del Cerro tomamos la merienda para después seguir con el viaje, ese día continuaba en el centro barilochense.
Testimonio de Joaquín Mendoza 3º HCS
La propuesta de este año para nosotros, los
alumnos de 4to y 5to año del Colegio Inmaculada, fue unirse al grupo GIA ( Grupo
Ignaciano de Animadores) para realizar diversas actividades jesuíticas, una de ellas los
Encuentros con Cristo.
Alrededor de dos meses atrás nos hemos preparado para poder dar un primer encuentro
en la localidad de Concordia. En esta primera instancia preparamos charlas,
practicamos canciones y realizamos juegos para poder llevar a cabo una jornada inolvidable.
A principios de Septiembre de 2011 fuimos a la escuela San Roque para poder así
realizar nuestra misión: llevar la palabra de Dios. Esos días estuvimos
comiendo y durmiendo en el Hogar que estaba junto a la escuela.
Los chicos del lugar fueron excelentes y pudimos relacionarnos estupendamente a
pesar de las diferentes realidades. No solo pudimos enseñar algunas cosas, sino
que volvimos con innumerables aprendizajes y experiencias de esos diez chicos.
En las mañanas de esas semanas realizamos los diversos encuentros con Cristo
divididos en grupos según cada grado que nos tocaba. La alegría y el furor eran
los sentimientos de esos niños durante todo el día. El cariño recibido fue
impresionante y pudieron llevar a cabo todas las actividades sin problema
alguno.
El mensaje de cada encuentro fue muy bien incorporado y nos llevamos con
nosotros una esperanza y felicidad que nunca serán olvidadas. Volvimos con
muchas ganas de seguir adelante y nos aferramos a este maravilloso grupo para
cualquier tarea que se nos presente. Gracias al Colegio por esta oportunidad y
al rector especialmente por su labor en Concordia, empezando de cero una
escuela y un hogar, que con fuerza y dedicación
va creciendo día a día.
Testimonio del Alumno Augusto Racca
Testimonio:
Me gustó el viaje porque me divertí ya desde la salida, fuimos con mis amigos tocando la guitarra y jugando al truco en el minibus.
Desde que llegué me pareció muy lindo el colegio y su gente por su hospitalidad.
La familia que me alojó me recibió con alegría y me trató con mucha amabilidad.
El primer día fuimos al salón de actos para la presentación de cada colegio, luego, en el encuentro, en el campo de deportes la pasé muy bien jugando al fútbol, y al volley y allí conocí nuevos amigos.
El segundo día estuvimos en el Colegio Seminario jugando al fútbol y básquet, donde luego almorzamos.
La ciudad de Montevideo es muy bella, con lugares modernos e históricos, es una gran ciudad y con una hermosa rambla o costanera.
Al tercer día tuvimos una misa en su antigua Iglesia para luego regresar.
Fue una experiencia que me enriqueció como persona y alumno del Colegio de la Inmaculada Concepción.
José Ignacio Vidal, 1° “C”
Él me miraba y yo también lo miraba. Sentía como sus ojos descansaban en mí, como un buitre que reposa sobre la rama de un árbol reseco hasta que levanta su vuelo y continúa su trayecto. Sus pupilas rojas eran tan hermosas, tan bellas, preciosas. Su piel dorada emitía un débil resplandor, ayudado por la luz de las lámparas que pendían del techo. Su sonrisa parecía dirigida a lo poco que me quedaba de mi conciencia. Me apoyé más en el vidrio, dejando estampadas mis huellas dactilares y mi frente. ¿Por qué entre todos los hombres del lugar me había elegido a mí? ¿Por qué debía ser yo su salvador?
- Compórtate de una vez, Luciano.- me dijo una voz que se encontraba atrás mío- Pareces un niñito mirando la vidriera de una juguetería.
- Tan solo quería apreciar los detalles de la cabeza.- le respondí a un hombre de 49 años, que de nombre Santiago, que portaba un uniforme marrón y una gorra negra, semejante a la de los policías. Él, era otro de los vigilantes del Museo Golden. El ya llevaba muchos más años que yo en este oficio.
- Pues pareces un retrasado cada vez que lo haces. Ve a vigilar la zona de los insectos.-
Agaché la cabeza y me aleje de allí. Cuando caminaba hacia el salón que se me había indicado, volteé la cabeza y mire una vez más al ídolo de oro. Él estaba hecho de un oro puro, con la pequeña forma de un humano cabezón, con ojos de rubí rojos, una sonrisa hecha con dientes reales y se encontraba tras una pequeña vitrina de cristal. Esta estaba soportada por una columna de madera de 1 metro de alto. En su parte superior había un pequeño cartel que indicaba su procedencia: “cuenca de México”. Había pertenecido a la cultura azteca, que luego se les había sido arrebatada por los conquistadores.
De repente, me sentí como un amante que mira a su novia alejarse en un barco. En mi mente resonó una voz débil; me llamaba. Quería que volviera con él. “Aún no”, pensé, mientras apretaba mi cinturón negro, “Cuando caiga la noche, estaré contigo… para siempre”
***
Hoy me tocaba hacer la ronda nocturna. Antes de venir, me sentía realmente nervioso, como un joven que va a tener su primera cita con la chica que le gusta y prepara de antemano todo lo que va a hacer, para que el encuentro sea perfecto. Cuando entré al museo, comencé a correr hacia el lugar donde me esperaba mi ídolo. Cuando llegué, rompí el vidrio protector con la culata de mi pistola. Mi mano se alargó y tomó la figura. En ese momento, sentí un escalofrío. Por mi mente pasaron imágenes aterradoras. Un aborigen que parecía salido de una película apuñalaba a otro, un conquistador decapitaba a un nativo que tenía aspecto de líder, un soldado con bayoneta le disparaba a uno que tenía su mismo uniforme, y en el centro de todas esas escenas, estaba el ídolo.
Un débil ruido me sacó de mi éxtasis. Me di vuelta y pude ver a Santiago con una pistola desenfundada, sin el seguro y apuntándome.
- Ehhh… Santiago, puedo explicártelo.-
- No es necesario. Te estuve observando todas las veces que te quedabas mirando la escultura.- comenzó a decir, con una voz extraña.- La quieres, te ha conquistado. Te ha reducido a su esclavo, a su animal de compañía. Así como lo ha hecho lo mismo durante siglos y siglos, gozando con la muerte de sus portadores. He estudiado su historia de principio a fin y conozco su forma de actuar.
- ¡Cállate, no sabes nada! ¡Envidias el hecho de que me haya elegido a mí!- le grité. Se lo arrojé en la cara, haciendo que se tirara para atrás y disparará su arma al mismo tiempo. El disparo pasó cerca de mí y aproveché para sacar mi arma y dispararle a Santiago en el pecho. Fui certero. Su cuerpo cayó al suelo y un charco de sangre comenzó a formarse en torno a él. Y mojándose en ella, estaba el ídolo.
Me agaché junto a él como lo hace una madre preocupada con su pequeño que se ha caído. Lo tomé en mis brazos y me levanté. Entonces, de sus ojos vi salir un destello. Sentí que mis pulsaciones se aceleraban. Sus dientes parecieron moverse y liberaron una risa macabra. Mi cuerpo se debilitó. Mis piernas ya no podían sostenerme. Entonces, caí.
El policía abrió una bolsa de plástico que sostenía entre sus manos. Una faja pegada en ella, con la palabra “Evidencias”, escrito en rojo. El hombre la desplegó con sus grandes y transpiradas manos. Algo refulgió dentro, como un sol en miniatura encerrado en aquel pequeño espacio. Miró a su alrededor para asegurarse de que estaba solo en la oficina de investigación. Hacía 15 minutos que le habían llegado las evidencias de un asesinato sin testigos ni responsables y era su tarea examinarlas. Sacó una estatua manchada de sangre y la contempló. Los ojos de rubí le miraron y colonizaron su débil mente. El policía adoptó en su rostro una expresión extraña. Ahora le pertenecía al ídolo, y debería acatar cada una de sus órdenes.
El caminante.