San Ignacio,
antes y después de su conversión.
Iñigo López de Loyola nació en la Casa Torre de Loyola en 1491, un año antes de que los Reyes Católicos, con la conquista de Granada completasen la reconquista de la península ibérica y de que Cristóbal Colón iniciase el descubrimiento de las Américas.
Iñigo, nacido como último vástago de una numerosa familia de nobleza menor, cuando tenía unos 17 años fue enviado a la casa del Contador Mayor de Hacienda de Castilla, Juan Velásquez de Cuellar, en Arévalo (Ávila), para abrirse camino en la Corte iniciándose en los secretos de la administración publica y en la carrera de las armas.
En 1516, cuando Iñigo tenía ya 25 años, su huésped y protector cayó en desgracia de Carlos I de España, fue desposeído de su cargo y de la tenencia del palacio real de Arévalo en que hospedaba a Iñigo, y poco después murió. Su viuda, no pudiendo dejar a Iñigo acomodado, lo presentó a su pariente, el Duque de Níjera, que era Virrey de Navarra, junto al cual Iñigo se asentó como gentilhombre de corte.
En abril de 1523 Iñigo peregrinó a Tierra Santa, que estaba bajo el dominio de Solimón II el Magnífico. Impedido de permanecer en ella, y convencido de que podía hacer algún bien a los demás, comienza su tardía pero larga vocación de estudiante, que lo llevar a Barcelona, Alcalá de Henares, Salamanca y París. En esta última universidad, Iñigo, obligado a latinizar su nombre, empieza a llamarse Ignacio. En torno a él se forma un grupo de 7 compañeros, que hacen voto de trasladarse a Palestina para ser allá misioneros o, si no logran ir allá al cabo de un año, ponerse a las órdenes del Papa. Pronto el grupo aumentó hasta 10. Ordenados sacerdotes en Venecia mientras aguardan inútilmente la oportunidad de trasladarse a Tierra Santa, acaban cumpliendo la segunda parte de su voto y se ponen a las órdenes del Papa Paulo III, el cual en 1540 aprueba la Compañía de Jesús.
Ignacio es elegido por sus compañeros primer Superior de la Orden,
y en los 16 años de vida que le quedan se dedicaría
a gobernarla y a escribir sus Constituciones.
y en los 16 años de vida que le quedan se dedicaría
a gobernarla y a escribir sus Constituciones.
El estilo de su gobierno, y las Constituciones de la Compañía de Jesús que redacta personalmente, darán el perfil definitivo a la Orden por él fundada.

Cuando Ignacio de Loyola muere en 1556 con 65 años, la Compañía de Jesús fundada por él cuenta ya con un millar de jesuitas, que viven en un centenar de casas y colegios, distribuidos en 12 provincias religiosas.
En 1609, el Papa Pablo V beatificó a Ignacio y a Francisco Javier, el misionero del Lejano Oriente que era otro de los siete primeros compañeros. En 1622 el Papa Gregorio XV los canonizó.
Este es un apretado resumen de la aventura humana de aquel "soldado desgarrado y vano" que acabó convirtiéndose en el Fundador de la Compañía de Jesús.

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