"Voy a hablar acerca del P. Guillermo Furlong como historiador, orador y jesuita.
Y digo historiador, orador y jesuita como quien busca el fundamento último de una realidad, en este caso de una persona.
Si yo les digo a Uds.: “Esta mañana di tres vueltas al lago”, estoy haciendo historia.
“Esta mañana di tres vueltas al lago”, lo puedo contar con toda la vivacidad posible, lo puedo repetir, pero – narrándolo – no me canso, no me fatigo, no sudo. Me cansé esta mañana, cuando corrí las tres vueltas, pero probablemente nadie se enteró.
Por eso quiero contarlo – y tal vez necesito contarlo –: “Esta mañana di tres vueltas al lago”. Esto es hacer historia. Porque no alcanza que haya un suceso o una serie de sucesos. Lo importante para que haya historia es contarlo.
Por eso el P. Furlong, el famoso historiador es, ante todo, un orador – es decir: un constructor retórico de la realidad.
Pero si damos un paso más podemos decir: No es que el P. Guillermo Furlong, además de ser historiador – un orador de la historia – era religioso. Fue al revés: primero y antes que nada era un religioso y un religioso jesuita.
Su trabajo con los jóvenes, su trabajo en los colegios, en la Acción Católica, en la búsqueda de vocaciones, en las múltiples tandas de Ejercicios Espirituales, no son más que la expresión simple de una gran verdad: el P. Furlong fue un hombre de Dios. Y este hombre de Dios fue el que hizo historia... como quien hace historia de familia.
Y lo que une todo esto es la oratoria, porque – como nos dice José Luis Avila en una nota acerca del P. Furlong –: “No se limitó a convertir almas, sino que convirtió en más todo lo que tocó”.
Este es el jesuita que se dedicó al estudio de la historia, este es el historiador de nervio jesuítico. Y en el medio en el centro – lo más formal – uniendo su ser jesuítico con su interés por la historia: la oratoria.
La oratoria que busca despertar lo más noble que puede haber en una persona, particularmente en un joven – ya que trabajaba principalmente con jóvenes – es la misma oratoria que relata la historia, donde también lo único que interesa es lo más noble.
Me contó el P. Miguel Ángel Moreno que cuando estaba en el 2° año de noviciado haciendo sus EE dirigidos por el P. Furlong, les dijo a los novicios una frase que le llamó mucho la atención – y de hecho no se la olvidó –: “La única página del Evangelio que merece ser arrancada es la del joven rico, porque le dijo que no a Cristo.”
Esta frase nos pinta de cuerpo entero al P. Furlong y nos deja entrever los matices de su oratoria.
El trabajador incansable, el predicador entusiasta y entusiasmante no tiene ojos para lo bajo...
Y de aquí surge un modo de concebir y de hacer historia – como historia de familia, claro – donde hablar del pasado es fruto del mismo entusiasmo que busca ganar nuevas vocaciones para el futuro.
Y por eso, difícilmente entrará en la historia todo lo que suene desedificante, páginas que merecen ser arrancadas del libro de la historia.
Es cierto – dice el P. Avila – muchas veces el P. Furlong daba la impresión de vivir más cómodamente con los personajes del pasado que estudiaba que con sus contemporáneos, pero es muy cierto también que supo reconciliarse con su tiempo cuando en un histórico abrazo con el P. Arrupe recuperó la fe y la esperanza en la contemporaneidad.”
Hoy ve la luz uno de los veinte volúmenes que dejó sin publicar. Tal vez releer alguna página vuelva a despertar en nosotros aquella nobleza a la que miraba el P. Furlong."
R.P. José Luis Narvaja sj.


Institucional






